Hoy pensé
en las caminatas por Buenos Aires mientras caminaba por Beirut. Las calles no
se parecen pero el sentimiento de familiaridad cuelga como la luna en la media
noche. El sol también regala su brillo de atardecer en la manera que las calles
se convierten en oro y se glorifica el espejo de la ventana que da su reflejo
para que brilla la calle; para olvidar de la suicidad y las problemas del ser
humano…
Empiezo a
pensar interioramente, haciendo un respiro de la gente.
Por las calles angostas no me
siento encerrada.
Camino libremente en un país mitad musulmán con bombas en
todo rincones que no comparten el tiempo o motivo de su explosión. Explosión
de generosidad o gentileza, cuando vendrás? Porque tanto odio y violencia? Se
necesita el reflejo de la ventana para mostrar el destruyo y que pueden ver,
ellos de la oscuridad, que hay una vida para vivir. Vale la pena esta vida. O
vale la pena esta vida? Somos tan frágiles; como dependemos en el amor de
nuestros padres, en la cultivación de la tierra, y en el caliento del sol.
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