Friday, June 20, 2014


Hoy pensé en las caminatas por Buenos Aires mientras caminaba por Beirut. Las calles no se parecen pero el sentimiento de familiaridad cuelga como la luna en la media noche. El sol también regala su brillo de atardecer en la manera que las calles se convierten en oro y se glorifica el espejo de la ventana que da su reflejo para que brilla la calle; para olvidar de la suicidad y las problemas del ser humano…

Empiezo a pensar interioramente, haciendo un respiro de la gente.
Por las calles angostas no me siento encerrada.
Camino libremente en un país mitad musulmán con bombas en todo rincones que no comparten el tiempo o motivo de su explosión. Explosión de generosidad o gentileza, cuando vendrás? Porque tanto odio y violencia? Se necesita el reflejo de la ventana para mostrar el destruyo y que pueden ver, ellos de la oscuridad, que hay una vida para vivir. Vale la pena esta vida. O vale la pena esta vida? Somos tan frágiles; como dependemos en el amor de nuestros padres, en la cultivación de la tierra, y en el caliento del sol.

 

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